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A Diamond is Forever

A Diamond is Forever

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En la década de 1930, De Beers redefinió el papel de los diamantes en la sociedad, celebrándolos como obras maestras de la naturaleza y la artesanía. Antes de esto, las piezas de joyería de diamantes eran tesoros que se intercambiaban discretamente entre la élite de la sociedad, ya que las casas de lujo, temerosas de disminuir su misterio, fomentaban únicamente las relaciones privadas con sus clientes. De Beers reveló la maravilla de los diamantes a un público más amplio, transformando su percepción de un artículo de lujo en un regalo esencial para momentos románticos y vidas glamurosas y ambiciosas, así como una forma de conmemorar los logros personales.
Cuando la redactora Frances Gerety capturó la esencia del diamante con la frase "Un diamante es para siempre" en 1947, la declaración consagró al diamante como una promesa de amor y resistencia, un sentimiento que resonaba mucho más allá de la noción de un simple regalo. Las palabras de Gerety, presentes en anuncios de archivo, publicaciones en revistas y recomendaciones de famosos, reflejaban la profunda conexión cultural entre los diamantes y las relaciones duraderas. Las obras de arte encargadas a artistas como Pablo Picasso, Salvador Dalí y Raoul Dufy trazan una línea directa entre la rareza de un diamante —cada uno formado en las profundidades de la tierra durante miles de millones de años— y la genialidad creativa de las bellas artes. Al compartir estas visiones artísticas con el mundo, De Beers reveló la maravilla de los diamantes —el tesoro más antiguo de la naturaleza— a un público más amplio, elevando su aura y atractivo, a la vez que preservaba la sensación de rareza y significado que los distingue.
Durante un siglo, la historia de los diamantes ha sido una historia de transformación y continuidad. En la década de 1960, estrellas como Elizabeth Taylor y Marilyn Monroe se adornaron con diamantes, encarnando la elegancia y el glamour asociados con la piedra preciosa. La campaña "Sombras" de la década de 1990, con su evocadora combinación de diamantes y la composición neoclásica Palladio de Karl Jenkins, capturó la esencia del diamante: auténtico, único y eterno. En los últimos años, el debate sobre los diamantes se ha ampliado para incluir la procedencia, la sostenibilidad y la gestión ética, reafirmando su papel como símbolo no solo de amor, sino también de responsabilidad y conciencia. Como si recorriéramos una galería que recorre la evolución de la expresión artística, "Un Diamante Es Para Siempre" ofrece una visión de cómo los diamantes han llegado a representar los ideales y aspiraciones cambiantes de la sociedad.

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